¿Su primer día?



Hace poco estaba recordando cuando estaba aprendiendo a conducir, recuerdo que mi primer día estuvo bastante bien. De hecho cuando tuve las clases de manejo ya sabía manejar auto automático, pero necesitaba también aprender a manejar auto mecánico. Sinceramente tenia cero coordinación para hacer los cambios de velocidades, pero el primer día me di cuenta que no era tan malo como pensaba.

Luego llegó el día dos, estaba más tranquila, porque me había dado cuenta que no era complicado, pero grande fue mi sorpresa cuando tenía que hacer más cambios de velocidades, retroceder y demás. Entonces me sentí frustrada e incluso estaba enojada conmigo por qué si el primer día si había podido, porque en el segundo día ya no. Creo que el instructor de manejo percibió mi frustración y me dijo algo, que fue lo que me hizo reflexionar;

“El segundo día siempre es el más difícil, porque pensábamos que ya sabemos, y nos damos cuenta que todavía no sabemos nada”.

Él se refería a aprender a conducir, pero esta frase podemos aplicarlo para otras situaciones.

Hablemos entonces de esos segundos días, puede que les haya pasado en su segundo día de trabajo, o segundo día de clases en un establecimiento nuevo. Las circunstancias pueden ser diferentes, pero quizás hemos compartido esa sensación de “segundo día” en nuestras vidas.

Cuando nos aventuramos a una nueva experiencia, tenemos todos los nervios y atención puesta en ese primer día, constantemente nos preguntamos;


“¿Me va a gustar? ¿Voy a hacer nuevos amigos? ¿Voy a dar la talla? ¿Lograré encajar? ¿Serán amables conmigo?...”


Infinidad de pensamientos pasan por nuestra cabeza antes de ese primer día. Si todo sale relativamente bien, ese nudo en el estómago desaparece de a poco, y nos sentimos más preparados y tranquilos, pero entonces llega el segundo día, y nos damos cuenta que el primer día fue como ese episodio “piloto”, lo que pensaba que sabías hacer, parece que no lo hace tan bien, la persona que le sonrió ayer, hoy ya no parece tan amable, lo que creyó haber entendido, hoy parece ser un desafío. Muchas veces el segundo día es el más pesado, porque nuestros nervios ya bajaron y comenzamos a ver todo con ojos más realistas y con los pies sobre la tierra.

Dicen que las segundas partes de películas son las peores, a veces es cierto, y otras veces la segunda película es mucho mejor que la primera. Lo mismo puede suceder con nuestras vidas, a veces los segundos días no son tan geniales como el inicio, y nos desmotiva. Sin embargo, lo importante es darnos esa segunda oportunidad, la oportunidad de intentarlo. Debemos ser gentiles con nosotros mismos, no tenemos por qué saber saberlo todo, hacer amigos pronto y ser aceptado en el primer y segundo día.

 

Les comparto una experiencia personal:

No soy fan de los primeros días, y cada vez que empezaba una pasantía nueva, siempre me decía “Me doy una semana de adaptación”, cuando me tocó vivir fuera, me dije “Me doy un mes de adaptación…” Cada circunstancia tiene su propio tiempo para que nos sintamos cómodos en un ambiente nuevo y es importarte ser conscientes que necesitamos ese periodo de adaptación para sentirnos bien durante el cambio.


 

Quizás algunos de ustedes no han pasado necesariamente por ese “segundo día”, pero la falta de motivación o decepción, o el sentirse “no apto”, llega una semana, un mes o un año después.

Todos tenemos días complicados y no por eso tenemos una “mala vida”.

La vida es una montaña rusa, algunas veces vamos a toda velocidad y lo disfrutamos, en otras ocasiones vamos a la misma velocidad, pero sentimos náuseas y no es tan divertido como antes, y otras veces vamos tan lento que desespera. Y justo cuando logra llegar a lo más alto y disfrutar de la vista, comienza a ir en picada, no siempre estaremos en lo más alto, y eso está bien.

Lo irónico es que si viviéramos en la cima de la montaña rusa, no nos daríamos cuenta para disfrutarlo como quisiéramos, porque no tendríamos un parámetro de comparación dentro de nuestra vida. Así que no se trata de intentar permanecer en la cima, se trata de mantener esa motivación y esa felicidad tanto en días nublados como en los soleados. Disfrute de esa montaña rusa, porque es suya y se llama vida.

Dese la oportunidad de creer en usted, dese la oportunidad de experimentar nuevas cosas, y lograr superar ese “segundo día”, o esa etapa de desmotivación que a veces puede experimentar.


 

Gracias por llegar hasta el final, recuerde que si le ha sido de utilidad, puede compartirlo con aquellos que considere también les será de mucho beneficio esta información.

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