Racionalizando lo Incorrecto

Diariamente se puede encontrar con situaciones en las que la miopía moral o el mutismo moral se vuelven sus aliados. Pero, ¿Cómo evitar caer en esto?



Atacando el problema desde la raíz y eso implica educar a su mente, estar alerta de las señales de su consciencia, no dejarlas pasar y no silenciarlas. Ser una persona muy pensadora y observadora puede ser algo en su contra al momento de tomar decisiones complicadas, ¿alguna vez ha tenido un debate ético interno al tomar este tipo de decisiones? ¿Ha buscado racionalizar sus acciones para buscar consuelo interior? Quizás lo haya hecho, de hecho, es algo común, buscar ese tipo de consuelo a través de un autoengaño, en donde piensa que sus acciones en ese momento eran las correctas.


Para poder tener imaginación moral, es necesario quitar desde la raíz la miopía y el mutismo moral, las cuales tienen sus inicios en la racionalización. Al hablar de este tema, de racionalización, se puede encontrar 4 tipos, los cuales explicaré a continuación, invitándolo a que continué leyendo.



SESGO DE CONFORMISMO


El primer tipo que puede encontrar es el sesgo de conformismo, es la tendencia que tienen las personas de actuar como las demás personas que le rodean, sin usar su propio juicio. Las personas parecen sentirse mejor cuando imitan el comportamiento de los demás, inclusive tratándose de cuestiones éticas. Una forma clara de explicar el sesgo de conformismo es a través de esta cita bíblica, “Jesús es nuestro pastor, porque somos nosotros ovejas de su prado” (Salmo 79:13). ¿Somos de verdad ovejas? Si, y el sesgo de conformismo lo confirma. Como dato curioso, ¿sabía usted que, si una oveja se deja caer por un precipicio, las demás ovejas le van a seguir? Una a una irán cayendo al vacío, lo hacen porque solo están siguiendo a la oveja que va al frente. Jesús es nuestro pastor, a quien debemos seguir, no a las demás ovejas.


Somos seres observadores, aprendemos observando e imitando, queremos hacer las cosas bien y ser aceptados, claro, no hay nada de malo en eso, pero el problema es cuando se acomoda y se conforma con lo que otros ya dijeron, ya pensaron o hicieron. Y surge la racionalización pensando “si todos lo hacen, debe estar bien” o “si todos lo hacen, yo también debería hacerlo”. No siempre se puede aprender observando, es necesario usar el juicio propio para abordar la situación de forma asertiva. Es más fácil decir o hacer lo que todos hacen, pero no por eso significa que sea lo correcto.


¿Alguna vez dijo o hizo algo que en el fondo no quería? ¿Algo que simplemente dijo/hizo solo por seguir a los demás? Es muy probable que en su niñez, juventud o incluso días atrás haya caído en la trampa del sesgo de conformismo, pero no por eso debe seguir cayendo.



OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD


El segundo tipo de racionalización es conocido como obediencia a la autoridad. Para poder comprender un poco mejor, le presento este caso. En 1962 Adolf Eichmann es condenado a muerte en Jerusalén por sus actos durante el régimen nazi, en la segunda guerra mundial. Al psicólogo social Milgram le pareció importante crear un experimento que lograra responder a la pregunta: ¿Podría ser que Adolf Eichmann y todos los demás soldados y personas que participaron en el Holocausto, solo estuvieran siguiendo órdenes? ¿O eran cómplices?


La esencia de este segundo tipo de racionalización es la obediencia, que consiste en el hecho de que una persona no toma responsabilidad de sus actos, dado a que únicamente acata ordenes de un superior.

No se debe dejar en las manos de nadie nuestra responsabilidad social o moral, está en nuestro deber velar por lo correcto, aunque lleguemos a recibir órdenes de hacer lo contrario. Utilizar su juicio crítico le ayudará a ver las cosas con más claridad y le permitirá tomar la mejor decisión, sin dejar a un lado sus valores y principios.



SESGO DE AUTOSERVICIO


El tercer tipo de racionalización se conoce como el sesgo de autoservicio, en donde la persona intenta ver las cosas a su favor o conveniencia, ignorando inconscientemente que sus actos no sean éticos. Le presento un caso hipotético para dejar un poco más claro a que se refiere. Un hombre hereda una finca de pinos y con el deseo de construir un condominio en la finca, manda a talar todos los arboles sin previa autorización y sin ningún compromiso de reforestación. El hombre piensa; “Es mi terreno así que puedo hacer lo que quiera, cuando quiera, además, hay muchos árboles cerca de esta zona, así que no habrá problema” ¿Se imagina que pasaría si todos pensaran como este hombre? Nos quedaríamos sin árboles en un abrir y cerrar de ojos, porque todos pensarían que “no pasa nada, al fin y al cabo, mi tierra, mis reglas”.


El sesgo de autoservicio es un sesgo egoísta, centrado en el YO, es bastante infantil y requiere de mucha madurez y consciencia para poder superar este tipo de racionalización, y cuando hablo de madurez no me refiero a los años, sino a una madurez espiritual, emocional y mental. La mayoría de personas atribuye los éxitos a su propia habilidad, mientras que los fracasos los atribuyen a las circunstancias o a las demás personas. Por ejemplo, un estudiante obtiene una buena nota en un examen y dice: “¡He logrado una buena nota porque soy inteligente y he estudiado duro!” mientras que otro estudiante que ha sacado una nota inferior dice: “Es culpa del maestro porque no dio bien las instrucciones” o “había mucho ruido afuera y no me dejaban concentrarme”


Para no caer en este tipo de racionalización es importante reconocer que no estamos solos en este mundo, dejar a un lado el egoísmo y pensar en los demás también. No buscar únicamente un beneficio propio, sino uno colectivo. Nadie exige perfección de nosotros, así como nosotros tampoco podemos exigir perfección de otros, el sentimiento de autocompasión y compasión es de gran valor para aceptar los errores.



TANGIBLE Y ABSTRACTO


Ahora, por último y no menos importante, tenemos al cuarto tipo de racionalización al que se le llama tangible y abstracto, y es también muy fácil caer en sus redes de forma inconsciente.


Cuando se habla de lo tangible y abstracto, se refiere a que es más difícil ser ético cuando no se ve el impacto. Es más fácil mentir cuando no le ve un rostro a la necesidad o no conoce a la persona que tiene enfrente y que necesita su ayuda. Se pone poca atención a las consecuencias que nuestras acciones pueden tener en otros. Estar al tanto de estos efectos requiere mantener nuestras alertas internas activas y usar cierta imaginación moral para prever como pueden impactar en la sociedad nuestras decisiones.


Para poder comprender mejor este tipo de racionalización le presento un pequeño ejemplo. Juan iba de camino a tomar un café y un pastel cuando un hombre se le acercó para pedirle una donación para los niños de África. Juan pudo hacer un pequeño esfuerzo de una ayuda, pero optó por decir que en ese momento no tenía efectivo. En este caso, a Juan le fue fácil mentir porque no le vio un rostro a la necesidad, de hecho, es muy fácil pensar “¿Acaso mi pequeña donación, va a hacer una diferencia para la desnutrición en África?”, pero si más tarde un amigo le pregunta si tiene dinero porque ha pinchado su llanta y no tiene efectivo, es más probable que le de una ayuda a su amigo, incluso de mayor valor, porque tiene una conexión más directa con esa necesidad.


Recapitulando un poco, no hay que ser una “mala persona” para incurrir en estos actos inmorales o poco éticos. No se trata de pensar que si se es ético, no se podrá avanzar o se tendrá que dejar oportunidades a un lado, sino de desligarse de la miopía y mutismo moral al dejar de racionalizar esas ideas, y ponerse a trabajar con una imaginación moral que le permita ampliar el panorama, actuando así, según sus principios y avanzando sin ningún conflicto ético.



Una persona con imaginación moral se siente empoderada, se imagina que satisfacción tan grande ir por la vida cumpliendo con sus principios morales y éticos. Estos definitivamente no son un estorbo, son llaves, pero es importante saber utilizarlas, y eso es empoderamiento. Puede parecer que el camino bajo lo ético y lo moral sea un poco más largo y lento, pero en realidad, ese es el único camino, el resto son atajos, que aunque algunos con suerte pueden pasar sin problemas, otros encontraran dificultades y se preguntarán ¿vale la pena ese riesgo? ¿Cuánto vale su paz?


Que su espíritu eduque a su mente, para que deje de racionalizar, para que escuche esas alarmas y así, viva en completa armonía. No hagamos que ser buenas personas sea una utopía, hagámoslo una realidad y que sea contagioso para los demás. Que sientan vergüenza quienes actúan de forma inmoral y no quienes buscan actuar bien, conforme a los mandamientos de Dios.


No estamos solos, tal vez aún no hacemos tanto eco como quisiéramos, pero hay más gente buena, que se esfuerza por hacer lo correcto que, aunque internamente tenga conflictos éticos, siempre elige el bien, porque sabe que es lo correcto. Somos más, no lo olviden, y en esta ocasión nos une este medio para recordarnos que sigamos avanzando sin miedo y empoderados.



 

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Fuentes:

Ethics Unwrapped - McCombs School of Business – The University of Texas at Austin